El otro dia me relaté a mi misma a alguien mas, como hacia mucho no lo hacia. Es decir, hablé de mi, de mi misma , como solo lo hago con unas cuantas personas que en este mundo son escasas y tengo desperdigadas en unas cuantas ciudades del mundo, lejos de mi. Hablé mucho, atropelladamente, completisticamente, borrachamente. Es escaso ese sentimiento de descosimiento (de libertad?) para dejarse ir y relatarse tanto, de forma tan intensa. El tiempo es escaso, los amigos son escasos, las orejas abiertas a la cascada de mi ego son escasas.
Quiero seguir el consejo de Buñuel. Según él (a veces dice mentiras) el grupo de los surrealistas hacía este ejercicio y se ponían a enumerar las cosas que les gustaban y las que no les gustaban; con esto él produjo un capítulo muy disfrutable en "Mi último suspiro". No pretendo producir un capítulo muy disfrutable, sino seguir su consejo, porque él lo disfrutó mucho y lo recomendó. A ver. (Supongo que algunas manías extrañas saldrán a la luz. Hay que estar preparados) 1. Me gusta llorar en el cine . No sé por qué pero disfruto muchísimo las películas que me hacen llorar -y no son muchas- cuando se terminan siento que he pasado dos horas de mi vida realmente desconectada de este mundo, pero a la vez muy cerca de aquí. Por eso disfruté mucho Magnolia , y procuro no verla muy seguido (aunque frecuentemente caigo en la tentación) para no acostumbrarme y seguir llorando (creo que lloro siempre en diferentes momentos). También me emocionó mucho Io non ho paura, que me hizo llorar...
****gore coming**** Tenía mucha hambre. Decidí comer atún, y como buena mexicana civilizada del altiplano, me gusta comer el atun caliente, en guisado. Tenía en la estufa un sartén con el recaudo friéndose y una olla con arroz cociéndose. Me dispuse a abrir la lata con un abrelatas extraño que abre la lata por fuera (alredor) y no por arriba como los abrelatas mexicanos. Así que primero, al no darme cuenta de cómo estaba abriéndola, sentí cómo el aceite del atún se salía pero no sabía por dónde, cuando caí en cuenta seguí abriendola, pero abrelatas y mano se habian engrasado y no podia hacerlo bien y solo la había abierto hasta la mitad, así que -muy inteligentemente- traté de terminar de abrirla con la mano. Y sí. Me corté el dedo. Me corté y empecé a sangrar y sangrar y la lata seguía sin estar abierta y el recaudo se freía y el arroz se empezaba a quemar. Y mi dedo emanaba cantidades INDUSTRIALES de sangre. Y yo me ataranté. Porque no dolía, pero yo no sabía que hacer. En vez de ap...
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