domingo, febrero 07, 2010

8. Los brazos rotos

Debido a mi jardín interior, que, como todos saben, tiene un carácter melodramático, tiendo a hacer una serie de cosas que se pueden calificar como lugares comunes. Llorar en las películas es una de ellas, y querer tener una vida atormentada y apasionante es otra.
Lo de llorar se me da bastante bien, por lo menos cuando se trata de llorar por los dilemas ajenos. Sólo hay que verme ante una película de Almodóvar, o un simple chick-flick. Y no es porque llore mucho, pero sí es que lloro en momentos tristes, con historias épicas de amor trunco y con los simples ratitos lindos, como una escena de un ciego bajando un escalón por primera vez, o la larga escena de abrazos no rotos en la sala de llegadas del aeropuerto de Heathrow.
Lo otro, lo de querer tener una vida atormentada y apasionante es algo menos consistente, pero recurrente. Digamos que me viene y me va de vez en cuando y sólo porque de repente me doy cuenta de que las cosas – o sea, mi vida- tienden a acomodarse de un modo más bien tranquilo y que yo sigo sin gritar, pelearme, romper cosas o querer salir corriendo a los brazos de alguien.
Para ayudar al melodrama, debo confesar que un párrafo de aquella canción de Sabina me puso a pensar en que mi vida dista mucho de ser melodramática, y no es épica en ninguna manera. No sé ni siquiera si realmente quiero eso, pero a veces siento que no vendría mal.

viernes, enero 29, 2010

7. Pedrito el tonto o las tribulaciones de una niña de treinta años.

Acá en San Cris hay, por lo menos, 5 estaciones cristianas en el cuadrante radiofónico (las otras opciones son: la estación de la marimba, la estación noticioso-cancioneropicot cuarentas, cincuentas y algo más, Raggeaton 94 -de la cual confieso que soy asidua escucha- y la opción "pop" (entrecomillado porque más bien es un refrito de Universal Stereo mezclado con música clásica a la hora de la comida).
Normalmente trato de evitar las estaciones cristianas, pero en ocasiones es casi imposible no quedarse oyendo lo que se oye... "mujer, obedece a tu marido, quien es el interlocutor entre Dios y tú", "Debes tener fe porque Dios sabe lo que haces cuando estás solo en tu cuarto"... and so on.
Hoy me chuté la historia de Pedrito el tonto antes de bajarme del coche. Pedrito era un muchacho que mató a un pato accidentalmente con una bola de beisbol y no se atrevía a contárselo a su mamá; sufrió el martirio de ocultar un secreto hasta que decidió decírselo sólo para darse cuenta de que ella había visto el asesinato patil desde el principio. La madre lo absuelve y Pedrito se libra de sus tormentos, tras haberse mostrado tal como era.
Ese Pedrito el tonto me caló en una forma extraña. (Aguas, no es que me esté volviendo evangélica---pude reirme de la música y los efectos de sonido de fondo, y tampoco me tomé en serio la moraleja final)
Siento que traigo cosas que quiero sacar y que no saco porque tengo miedo de pensar en las consecuencias. Siento que estoy en una etapa importante de mi vida pero que no la estoy asumiendo como tal porque tengo miedo, porque no sé si es lo que quiero en definitiva y porque pienso que estoy en un momento en el que tendría que pensar cosas definitivas. Pero por otro lado no me quiero definir todavía, ni quiero ser definida por lo que hago o no hago. Y eso, todo eso, me hace sentir como un chica muy chica, que en el fondo quiere seguir usando tenis, pero usa tacones cuando no la ve nadie.

martes, enero 26, 2010

6. Reciclaje

No sé si el reciclaje esté permitido en esto del reto, pero sospecho que la sequía de este paraje me permitirá refritear dos que tres palabras que escribí hace más de un año. Cito textual un texto que tenía en los borradores de este blog y que como tantos, nunca terminé. Me parece fantástico y ni siquiera recuerdo que esto haya ocurrido (si no fue verdad creo que ese día andaba desbordando creatividad)


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¿La fuerza estará conmigo?
Hace dos noches soñé que el doctor me decía que mi malestar estomacal se debía a que yo tenía poderes de Jedi atorados y que tenía que usarlos. Yo incrédula decidí que tenia que comprobar la presencia de La Fuerza en mí, así que hice lo que toda persona cuerda haría en tal situación: acudir a un boliche.
En la pista 8 del bowling de Reforma e Insurgentes comprobé que lo que me había dicho el doctor era verdad, pues hice unas veinte chuzas sin siquiera tocar la bola, simplemente tenía que usar La Fuerza para empujarla sobre la duela y ya está.
Así fue mi sueño, sin puntos argumentales decisivos ni sorpresas surrealistas, la fuerza Jedi y un boliche cualquiera. Me desperté pensando que ya estaría bien soñar cosas más interesantes y se lo conté a todo mundo, un poco para hacerlos reír. También se lo conté a mi cuñada, y ella no le causó mucha risa, más bien me dio dos interesantes interpretaciones: Que en realidad sí tengo poderes -no necesariamente Jedi- que no utilizo de la forma más inteligente (sino que los uso para el boliche)y.../



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No sé por qué elegí justamente este texto para reciclar, vamos... ni siquiera tenía en mente reciclar nada (quería solamente escribir ALGO) pero, además de que me dio risa, me dio mucho coraje ni siquiera haber escrito cuál es la segunda interpretación que mi cuñanda dio (o tal vez no dio) a mi sueño (que tal vez nunca existió. No sé por qué nunca terminé de escribir esta anécdota, que al menos tenía potencial para sacar una buena moraleja "de vida" (o tal vez no).
Coincidentemente (o no) siento que hoy no tengo fuerza para el boliche ni para nada. Vengo regresando de un viaje de esos de los que he tenido miles en lo poco que va del año; tanto he ido y venido que siento que no termino de vivir en este pueblo ni en ningún otro lugar. Otra vez vuelve a mi ese sentimiento de espera de algo, de cierres y principios que no acaban de dar vueltas.
Creo que estoy cansada. El tiempo no me alcanza y siento que paradójicamente no me muevo para ningún lado, siento que no avanzo y encima de todo me siento agobiada por una situación tonta y remediable que me hace sentir como una adolescente llena de miedos otra vez (si es que alguna vez dejé de serlo).
Quisiera tener la Fuerza de mi lado y no sólo para jugar boliche, sino para verme en perspectiva, decidir cosas, querer quedarme...

lunes, enero 18, 2010

5. El reencuentro.

Pensaba que con cuatro entradas había librado aquello de mi bloqueo, pero no. Circunstancias adversas me permitieron no sentirme mal por no escribir en varios días, pero debo confesar que en los últimos cuatro días pude haber hecho algo para remediar mi ausencia en este espacio. "No sé qué escribir" es lo que me viene a la mente cuando entro a mi cuenta de blogger. Quien me haya leído anteriormente recordará my usual rant sobre mi falta de inspiración y mi paranoia por ser sumamente repetitiva. Por eso, y porque tengo la idea de que tengo que escribir desde el corazón, es que, cuando siento que no siento, no escribo nada y no he escrito nada en tanto tiempo.
Hoy es uno de esos tiempos en los que no siento mucho.
Estoy de vuelta en mi casa; este domingo la llené de plantas, compré leña para quitarme el frío de adentro y que venía después de una semana llena de desvelos y sentimientos raros. Tan raros que siento que no los he sentido yo y no sé cómo contarlos.
De todas formas, voy a regresar a este reto porque por ahí andan esas cosas y de alguna forma las podré decir, y si no, pues ya diré otras. También porque como bien nos dice Felisbertiana, aquí nos leemos y nos encontramos, aunque estemos lejos. Y como es la lejanía la que a veces disimula los sentimientos, habrá que combatirla, aunque sea poquito.
Acá estoy de regreso, pues (a la chiapaneca).

jueves, enero 07, 2010

4. Jueves que sabe a miércoles

...miércoles, nos cuesta creer que la vida no se va a acabar, ¿crees que algún día pueda inhalar la calma que tanto me hace falta? Busco el aroma de las hojas mojadas, entre el veneno de motores.
Lo de ayer ya es pasado, no, no tengo tiempo para recordarlo, enterrado para olvidarlo, se cierra el capítulo...


Esta semana me pasó muy rápido. Todo pasó muy rápido y sin aviso. Las cosas así pasan sin aviso.
Recién llego y ya voy de regreso. No sé si voy a poder seguir el reto desde allá, pero lo intentaré. Al final de cuentas, hay que seguir y hay que seguir.

...busco el aroma de las hojas mojadas, entre el veneno de motores y su escándalo, tranquilizando mi mente y mi cuerpo no espero nada más, no quiero más...

miércoles, enero 06, 2010

3. Del lado de acá

Estar lejos me hace sentir que el tiempo pasa más. No más rápido ni más lento, simplemente más.
No hace ni tres días que volví de Xalapa y ya siento que llevo mucho tiempo aquí otra vez. Mi vida en el lado de acá está totalmente aislada de todo. Tiene sus propios comienzos y finales que no comparto todavía con el lado de allá; y eso, aunque se siente bien, me recuerda cómo fácilmente puedo separarme de todo, cómo yo misma evito mezclar esos mundos para que todo permanezca intacto, y así poder tener una colección de esferitas de lados distintos y gente ajena entre sí.
Hoy quisiera no sentirme tan lejana. Hoy me siento como que el regresar a mi esferita es un poco egoista. Quisiera estar allá en serio, aunque sea desde aquí, otra vez con mi familia porque sé que me necesitan, o que necesitan saber que estoy con ellos (aunque muy probablemente lo saben).
Sé que puedo ir en todo momento (tampoco es que esté en Siberia) pero en estas circunstancias me incomoda la idea de tener para mí un espacio sólo mío, donde mi vida puede correr, si la dejo, libre de angustia y tristeza. Qué más da... aunque no debiera, me siento culpable.

martes, enero 05, 2010

2. ...con zapatos de tacón

Alguna vez hablé aquí de mi dificultad para comprar zapatos nuevos. Lo que no recuerdo haber contado es mi extraña afición por los zapatos de tacón, siendo que mi estilo de vestir es más bien, digamos "laid back" y evidentemente antitaconístico.
Lo de la dificultad para comprar zapatos es a tal grado patológica que puedo pasar varios años usando los mismos tenis (día tras día) aunque tengan hoyos en la suela y no sostengan más mi peso, y la verdad es que muchas veces quisiera no usar tenis todo el tiempo, pero no logro encontrar un estilo de zapatos bajos que me gusten y acomoden.
En este dilema entra la cuestión del zapato de tacón. Y es que de un tiempo para acá me dí cuenta que me sientan bien los tacones y no sólo eso, sino que me gusta usarlos, subirme unos cuantos centímetros y caminar, como dice Bronco: con estilo.

Esto debería de ser totalmente aceptable y normal para alguien de mi edad; al final, un cambio de estilo en el vestir no significa nada demasiado importante sino simplemente que se ha cambiado. Sin embargo, para mi, la transición de "niña-que-sólo-usa-tenis-y-se-siente-muy-cool" a "mujer(!!)-que-usa-tacones-y-no-sólo-eso-sino-que-le-gustan" ha sido un poco rasposa y todavía tiene sus jalones de ida y vuelta.
Y es que, como ya debe ser evidente, me empeño en atribuir signos de madurez al tipo calzado que uso, y por eso siento que usar uno u otro me va a colocar de manera inamovible de un lado, negando el otro y lanzando al mundo mensajes sobre una nueva yo que ha dejado atrás todo eso que era representado por los tenis (y aquí se pueden incluir sueños, formas de ver el mundo, actitud hacia la vida, y mil etc.)
Creo que no puedo ilustrar esto mejor de lo que lo hizo mi querido A. con un cuento en el que describía mi dilema eligiendo el calzado para combinar con un bellísimo vestido de cocktail negro con:
a) unas chanclitas de veracruzana insegura (amarillas!!) o
b) unos altísimos zapatos de satín negro, peep toe, allà chica Fellini.

Este diciembre me gasté un dineral en unas botas negras, y sí, son de tacón. Siempre había querido tener unas botas, y llevaba mucho tiempo sin éxito, probándome todo tipo de botas en cualquier zapatería que encontraba a mi paso.
Esta vez mi sentido práctico me decía que debía comprar unas botas de piso porque mi nueva ciudad es imposible de recorrer con tacones, pero por más que lo intenté no encontré nada que me gustara.
Pronto me di cuenta de que todos las botas de tacón se me veían mucho mejor que las de piso, así que decidí no sé por qué razones más, comprarme unas botas con tacón alto, mandando a volar mis burradas y las banquetas lisas de San Cristóbal.
No sé cuándo las voy a usar, pero soy muy feliz con ellas.