Así. Como en un sueño. O trance. O algo. Así.
Dando vueltas por la ciudad que me encanta. Caminando horas. Literalmente. Horas. Sin ir a ningún lado porque no sabía a dónde ir y sólo quería callarme a mi misma. A la que viene adentro de mi y no se calla nunca. La que me juzga y no me entiende. Porque no entiende cómo soy. Cómo soy en verdad.
Y luego miedo. Y luego risa. Y luego sueños. Y luego mucho sueño. Y mis tenis rotos, rotísimos. Hoy más que nunca supe que necesito sustituirlos. Y fui a comprarme unos nuevos y no encontré nada. Porque veía los escaparates y no veía nada. Es decir, veía, pero no veía. Llenar el tiempo. Llenar la cabeza. Sentarme. No puedo hacer nada. Soy así.
Así fue.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

A mí

El silencio el aceptar el comerse a si mismo

instrucciones para abrir una lata de atún