El otro dia me relaté a mi misma a alguien mas, como hacia mucho no lo hacia. Es decir, hablé de mi, de mi misma , como solo lo hago con unas cuantas personas que en este mundo son escasas y tengo desperdigadas en unas cuantas ciudades del mundo, lejos de mi. Hablé mucho, atropelladamente, completisticamente, borrachamente. Es escaso ese sentimiento de descosimiento (de libertad?) para dejarse ir y relatarse tanto, de forma tan intensa. El tiempo es escaso, los amigos son escasos, las orejas abiertas a la cascada de mi ego son escasas.
Yo sí soy de esas personas que ven burro y se les antoja viaje. Es más, soy de esas personas que tienen envidias escondidas, y que cuando ven que alguien más hace algo, también quiere hacerlo. Y que se ponen tristes cuando eso pasa, porque sienten que se les está yendo una gran oportunidad. La Gran Oportunidad. No es malo, no creo que sea malo. Estoy tentada a hacer de este post un recuento de dichos populares para explicar mi punto con el clásico: “the grass is always greener on the other side of the fence”, pero no lo haré. (Y además creo que con enunciar mi tentación y mi negativa a caer en ella me libro del lugar común) (ja!). El punto en realidad se explica así: cuando alguien cercano a mi cambia, y me refiero a cuando alguien toma una decisión de vida que implique un cambio radical o simplemente importante , me dan ganas de cambiar a mi también. Quiero, yo también, tomar una decisión de vida radical y drástica y encontrarme en esa situación emocionante en la que uno sient...
****gore coming**** Tenía mucha hambre. Decidí comer atún, y como buena mexicana civilizada del altiplano, me gusta comer el atun caliente, en guisado. Tenía en la estufa un sartén con el recaudo friéndose y una olla con arroz cociéndose. Me dispuse a abrir la lata con un abrelatas extraño que abre la lata por fuera (alredor) y no por arriba como los abrelatas mexicanos. Así que primero, al no darme cuenta de cómo estaba abriéndola, sentí cómo el aceite del atún se salía pero no sabía por dónde, cuando caí en cuenta seguí abriendola, pero abrelatas y mano se habian engrasado y no podia hacerlo bien y solo la había abierto hasta la mitad, así que -muy inteligentemente- traté de terminar de abrirla con la mano. Y sí. Me corté el dedo. Me corté y empecé a sangrar y sangrar y la lata seguía sin estar abierta y el recaudo se freía y el arroz se empezaba a quemar. Y mi dedo emanaba cantidades INDUSTRIALES de sangre. Y yo me ataranté. Porque no dolía, pero yo no sabía que hacer. En vez de ap...
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