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Sol de invierno

Que alguien me diga cómo funcionar cuando tengo tiempo de sobra. Por favor. O que alguien me diga cómo le hago para no levantarme de la cama temprano una mañana de sábado, bañarme, desayunar (pizza y café) y quedarme sentada mirando mi pared azul, bajo el sol que entra por mi techo y que no calienta nada. Sin saber qué voy hacer durante todo el día.  Me afecta el hecho de haber estado tan ocupada estas últimas semanas y haber deseado tanto que llegara este momento que ahora no sé qué hacer. Claro, hay libros que he dejado a medias, miles de películas que no he visto, lugares que no conozco, etc. Es más, podría aprovechar para registrarme en el padrón electoral, conseguir mi acta de nacimiento y renovar mi pasaporte. Pero ésta, justo esta mañana de sábado seguirá estando vacía porque no tengo ganas de hacer nada de eso. Influye el hecho de que no tengo dinero -porque no recibo sueldo desde hace tres meses-, así que un montón de posibilidades se eliminan --no puedo salir de la ciu...

She's old enough to know better

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Es una tontería, pero yo, cuando siento que me trueno, lloro. Cuando siento que no puedo, lloro. Cuando tengo miedo, lloro. Y cuando no sé qué hacer lloro. Es una de las certezas de mi carácter, supongo. Llorar por todo. No lloro tanto. Es decir no lloro por mucho tiempo. Pero sí lloro fuerte, como niña. Como niña pequeña, quiero decir: sollozo, me emberrincho y busco culpables para todos mis males. No es algo malo. Me ayuda. Luego se me quita el llorar y busco la respuesta a la mejor pregunta del mundo: ¿qué es lo peor que puede pasar? Y entonces me calmo. Y me callo. Y puedo cenar a gusto oyendo la radio, como todos los días.

de libretas y fetiches

Las libretas. Medianas, rayadas, pasta dura y con espiral para las cosas laborales y estudiantiles. Cosidas y más delgadas para las "cosas importantes". No ordinarias. No Scribe. No de cuadros, nunca de cuadros. Me encanta que se llenen, terminarme las hojas y que cada página quede llena, llena llena. ¿Y los demás? que tengan las libretas que quieran, pero después que no me pidan que piense diferente de ellos. Porque según la libreta, la pedrada. Según yo. Todos tienen una libreta para algo, o más de una. Y algunas son sexy. Las libretas y la forma en que escriben en ella. Mis fetiches. Un hombre guapísimo tenía un block. No una libreta, un block tamaño carta y rayado, sin pasta. Y cómo escribía: en ambos lados de la hoja pero conservando la dirección vertical de la lectura. Y las páginas llenas. Me encontré a mi misma no pudiendo dejar de ver cómo escribía, fascinada. Luego me sonrojé y me puse a dibujar palmeras en la esquina de las hojas de mi moleskine color vino y de ...

Aquí no enseñamos a abrir latas

Rara vez me meto a investigar lo que dicen las estadísticas de las visitas a este blog, así que no me había dado cuenta de que, desde hace ya un buen rato, lo que le da popularidad a mi espacio egocéntrico de quejas y suspiros es aquel viejo post en el que describo cómo me destazo un dedo malabriendo una lata de atún. "Cómo abrir una lata de atún" parece ser una búsqueda común en google, y así, por lo menos 18 personas hambrientas, y tal vez frustradas por no poder acceder al sublime pescado enlatado, han terminado leyendo una atropellada descripción de mi sangriento cocinar. Como mi vanidad no conoce límites, no dejo de preguntarme si será que alguno de ellos habrá leído el post completo y ahora me lee con frecuencia, ¿el destino habrá logrado reunir aquí a una pequeña comunidad de comedores de atún? Realmente espero que no. Y no es que 18 personas harían una gran comunidad, y tampoco es que me moleste que las personas vengan a mi blog... pero ya quisiera poder reunir a una...
Estoy otra vez en ese punto tonto en el que hago cosas que por creer que ya hice no hago con ganas. Y ni siquiera sé si ya las hice. Más bien no, pero en fin, es lo mismo. Si pudiera y si supiera cómo, me iría por ahí a 'encontrarme a mi misma' en algún lugar del mundo. Tal vez haciendo algún trabajo exótico o sacrificado, o me volvería junkie que al fin es algo que no hice nunca. Aunque el irme y buscarme por ahí tampoco sirva mucho. Se dice (no sin sonar tarareado) que lo que pasa es que mimisma está siempre donde estoy yo, y que el mundo y los trabajos exóticos no funcionan si de todas formas no me la encuentro cada mañana en el baño o en la cocina. Esa tipa, escurridiza, encima de todo.

Favor de no alimentarlos después de media noche

Independientemente de todo, soy una atascada. Me gusta el exceso, me gusta pensar en no tener tiempo, o ganas de nada, siempre y cuando no tenga tiempo para tener ganas de nada. It goes like this: llego y ceno todo lo que tengo porque no hay nada más qué hacer, no hay nada más que hacer y entonces decido lo primero que hay, no hay nada más y entonces agarro lo primero que se pone enfrente; no hay nada enfrente y me aviento al vacío. The story of my life. Qué más puedo hacer? Y evidentemente, ni siquiera es tan emocionante como luce. En una de esas mejor me caso y me vuelvo una ama de casa. O bien, me dejo de tonterías y no me vuelven a ver por aquí. Igual y al final todo depende de cómo cuente las cosas. Y de cuántos mezcales me haya tomado. Igual. Cosas. Mezcales.
Me encuentro con una serie de correos que intercambié hace pocos años con algunos buenos amigos. De repente no me reconozco: Me extiendo, profundizo, me río de mi. A veces soy así, yo lo sé. Pero no siempre lo recuerdo. De repente, como en estos tiempos, me alejo de todo y de todos. No me doy tiempo y no me da tiempo. Extraño un poco a esa yo que escribe largas cartas a sus amigos. Y extraño mucho a todos esos con los que cada vez hablo menos y a los que ya no escribo nunca. Ya quiero dejar de salir a mi vida a las diez de la noche. Ya quiero volver.

Vigilia 479

Y si tratara de hacer útil este insomnio no podría, porque ya una vez dijo Cortázar que era eso lo peor que tenía la vigilia involuntaria: el no poder usar el tiempo para resolver las cosas que nos mantienen despiertos. Lo que uno quiere es dormir. Y ya. Y nos concentramos tanto en ello que no funciona y nos quedamos despiertos pensando en la locura que podría venir si se sigue así, el cansancio de mañana, el querer dormir a deshoras. Bueno, eso último no lo dijo Cortázar (tal vez ni siquiera lo primero, no tengo pruebas de nada), pero igual. Terminé por fin esa novela que tenía atrasada. Mala, pero sirvió para llenar muchas noches. lástima que se terminó y me dejó aquí sin nada más que leer por ahora y con esta noche que se vislumbra larga. Es un libro rojo y combina con mi mesa roja y mi edredón rojo. Y mi pijama roja. Y mis ojos, rojos.

Here comes the sun

Hoy fue en definitiva un día de epifanías (o Estefanías, como bien he oído que se les llama ahora). Tras aseverar, a gritos y por vigésimoquinta ocasión, que mi verdadera vocación es ser coverera de canciones de los Beatles (mientras le daba el último trago a mi bohemia obscura), resumí en un párrafo el drama de mi vida: "no sé lo que quiero, pero sé que no quiero sufrir por estupideces todos mis lunes y todos mis miércoles". Si he de sufrir, tendrá que ser por algo menos pavote que una cebolla.

Viens, Malika

Me dio hipo, tengo hipo. Y como solución me puse a ver un programa sobre diabetes en la televisión local. Y me adjudiqué todos los síntomas (con excepción de la cintura de más de 90cm y la mugre alrededor del cuello). No es mala, la televisión local. A pesar de todo. Es mejor que Telever, definitivamente. Aunque claro, eso no es decir mucho. Todo es mejor que Telever: mi hipo es mejor que Telever. Creo que fue el vino. Es decir, el vino me dio hipo. El vino --tres copas-- fue la solución a mi amargue del día. Amargue que no venía a cuento porque no recuerdo haberme enojado por nada. Sólo por la gente y la lluvia, y el frío y la chica que saluda de beso tres veces al día, la miseria administrativa , la mujer que no hace su trabajo y encima no contesta el teléfono, la tos del vecino. En fin. Yo. También yo, como siempre. Y luego, no encontrar "la comprensión" en quien tiene que darla. Porque hay "quien tiene que comprender" ¿no? Bueno. No, claro que no. Pero mi ser am...
Llevo tres horas esperando a que lleguen unas visitas viajantes que necesitan un crash en mi casa. Mientras, hago como que trabajo y me quedo mirando a la pantalla como autista. Llevo horas así, lo juro. En estos días decidí algunas cosas: que ya no me queda tiempo aquí y que en vez de sulkear al respecto voy a disfrutar mi casa. Me encanta mi casa. Esa es otra decisión. Así que me dedicaré en estos meses a invitar gente y observarlos mientras disfrutan de mi casa. Porque se disfruta. Aun cuando hace calor. Aun cuando, en las fiestas, la gente se apelmaza en el pequeño espacio de la cocina. Aun cuando esté llena de hormigas y otras alimañas. Y luego está el pueblo. Maldito pueblo romántico. Las nubes, el atardecer, los músicos callejeros (lugar común 1, lugar común 2, lugar común 3). Y hoy ni siquiera hubo blues dominical, todo por la espera de las vistas, yo creo. Sigo en ropa de salir porque tengo la esperanza de que lleguen todavía y quieran ir a tomar algo. Entonces mi domingo si...

Teamforest: home (05:34 AM)

No son horas de estar escribiendo aquí. Hace frío, son las 5 de la mañana, hay una hormiga rondando la computadora y el té que me acabo de hacer se quedó hirviendo más de diez minutos porque lo estaba olvidando quitar de la estufa (¿o debería decir: "estaba olvidando quitarLO de la estufa?"). Debería estar durmiendo. No debí haberme despertado hace una hora con la certeza de que todo está mal. Tampoco debí haberme puesto a hacer acertijos numéricos de los que vienen en esa revista que lleva meses en mi buró y que ya me sé de memoria (la revista, con los acertijos nunca he podido). Sorprendentemente a esta hora sí hay internet. Espero que sea porque ya funciona y no porque a esta hora no tiene otra cosa que hacer más que funcionar. Eso significaría que esta es la hora a la que tengo que ponerme a escribir, y sólo de pensarlo me da cansancio. No sé qué es lo que me despertó: los nervios o los piquetes que tengo por todo el cuerpo. Imagino que el bicho culpable estará brincando ...

Stay loose 2.1

A veces me pregunto si la demás gente también tiene que decidir todo el tiempo sobre el rumbo de su vida, porque en la mía el asunto parece no tener fin, y a veces siento que me cansa. ¿En algún momento se detiene? ¿No puedo simplemente decidir un trabajo, una ciudad, un novio, una vida y ya? ¿siempre voy a querer cambiar? ¿siempre voy a necesitar cambiar? Me aflige mucho pensar en que pronto tengo que saber qué hacer conmigo. Otra vez. Y me aflige que la gente me pregunte si ya lo sé o ya lo decidí. No me molesta. Simplemente me angustia porque siento que debería tener una respuesta y que si no la tengo me voy a ver desenmascarada en mi falta de planeación vidil. (ja!) Y claro, como es normal, la gente pregunta todo el tiempo. Obvio. Si no lo sé yo, ¿quién podría saberlo? (eso se parece un poco a algo que me decía mi mamá de chica, cuando me preguntaba algo que yo debería saber y yo no quería contestar: y si no es a ti, ¿a quién le pregunto entonces? Y qué, ¿tengo que saber?

Me gusta que mi casa sea mia

Te la robé, velvet, porque -como no pocas veces- tu post se parece mucho a lo que quiero decir en estos días. En estos días la he disfrutado muchísimo mi casa. Hoy la limpié después de una fiesta multitudinaria en la que al parecer todos padecían de mi síndrome aquel de verter ininterrumpidamente el contenido de sus copas en el suelo al bailar. La limpié y en el transcurso del día recibí a gente que venía a recoger cosas y llevarse otras, comer migajas de pastel y evaluar los daños de anoche. Los últimos llegaron a comerse las cantidades aparatosas de comida que sobraron ayer y a aprender a hacer margaritas, mientras nos las tomábamos. Hoy fue un día en el que no hice mucho más que "recibir" -como dirían esos manuales de urbanidad que tanto nos gustan- y tal vez me gradué en el oficio, sobre todo porque me encantó hacerlo. Sentí que realmente esta casa ya es mía y que ya vivo aquí aunque nada me pertenezca. Me gusta mi casa y me gusta la gente que viene y que no me avisa qu...

la del principito

Hace unos días encontré un par de libretitas que tenía guardadas por ahí. No recuerdo si las encontré en realidad, más bien estaban ahí, de repente, accesibles para ser leídas otra vez. Las dos las he leído ya muchas veces, pero hacía tiempo que no las tenía en mis manos. Una, la primera, es chiquita y roja con un estampado de tipografía japonesa. Me la llevé a Inglaterra cuando estuve de intercambio en la licenciatura, hace 8 años. En ella escribía todo: desde la lista para el super, hasta tareas, pendientes, precios de vuelos, crushes y mis consabidas quejas y depresiones esporádicas. También hay ahí una bitácora muy precisa de las vacaciones que hice a España y Francia en ese año y juro que está todo: el nombre del aeropuerto de Liverpool y lo que me hizo pensar (es que se llama John Lennon Airport!), boletos de metro pegados con pritt, programas de eventos, mis "impresiones" (Ja!) ante el arte: cine, obras de teatro, exposiciones y un dibujo de una escultura de Alexander ...

Weekender

Al abrir la puerta de mi casa hace unos minutos se acabó el fin de semana y empezó a llover. No sin antes caerme encima el blues de domingo, aunque ya un poco despintado. Tal vez porque la pasé bien. Este fin sentí que viví mi pueblo como no lo había hecho en mucho tiempo. O más bien, como no había hecho antes. Viví mi casa y a la gente que se pasó por aquí con mucha confianza para recoger cosas, comer migajas de pastel y aprender a hacer cocteles. Viví la montaña -tan clásico de los avecindados a este pueblo el vivir en la montaña- y el fin de semana entero y a gusto con todas sus cosas. Hasta la sensación de que más que acabarse la semana se acaba el verano y empieza a acabarse el año. Si pudiera, tocaría en la armónica algo sobre los domingos y mi típico rush de tristeza. O sobre el fin del verano y las peras del huerto de Claudia. Pero ahora que lo pienso no sé ni dónde está la armónica, ni dónde está la emoción por aprender a tocarla, que no me duró nada. Apenas sirvió para hacer ...

El miedo no anda en burro

Yo sí soy de esas personas que ven burro y se les antoja viaje. Es más, soy de esas personas que tienen envidias escondidas, y que cuando ven que alguien más hace algo, también quiere hacerlo. Y que se ponen tristes cuando eso pasa, porque sienten que se les está yendo una gran oportunidad. La Gran Oportunidad. No es malo, no creo que sea malo. Estoy tentada a hacer de este post un recuento de dichos populares para explicar mi punto con el clásico: “the grass is always greener on the other side of the fence”, pero no lo haré. (Y además creo que con enunciar mi tentación y mi negativa a caer en ella me libro del lugar común) (ja!). El punto en realidad se explica así: cuando alguien cercano a mi cambia, y me refiero a cuando alguien toma una decisión de vida que implique un cambio radical o simplemente importante , me dan ganas de cambiar a mi también. Quiero, yo también, tomar una decisión de vida radical y drástica y encontrarme en esa situación emocionante en la que uno sient...

Hormigas y mortadela

Ayer mientras comíamos tarde en la pizzería del Cerrillo, conté la historia del trapo roído por las hormigas. Las hormigas que literalmente devoraron un trapo que dejé sucio en la cocina. Los días que siguieron al hallazgo, estuve en pánico. Esos bichos son tan implacables que no se detienen ante nada, y yo convivo con ellos todos los días. Ya lo he dicho a la gente de mi alrededor que vengan a sacarme pronto de esta casa si es que me pasa algo, porque yo no quiero ser devorada por las hormigas como el último de los Buendía o como el hombre aquel del cuento de Quiroga. Seguro el almuerzo que se darían conmigo sería mucho menos poético y relatable que cualquiera de esos dos, así que más vale salir airosa que malcomida. Alguna vez contaba, en otra comida amiguil, que a mi me gustaría morir en una forma bella, o más bien, que me gustaría ser encontrada bellamente dispuesta, con la cara serena y el cuerpo relajado, sin sobresaltos. Y recuerdo que lo hilaba a algo que dicen que dijo Luis Bu...

Mamá el mechón, préndeme el mechón

Estar viviendo esta desintoxicación celular sabiendo que pronto se terminará y que en pocos días tendré en mis manos un nuevo aparato. Desintoxicación telefonil falsa de falsedad. Luego está el tipo que tose en la casa de al lado y que parece que está adentro de la mía. Y el día turístico-amiguil-familiar-intensoso que me puso de buenas y nerviosa por igual. La pizza con chile habanero y el baile danzón marimbero con las viejitas en la plaza y el tipo del micrófono que no dejaba de gritarme para que me diera una vuelta. Y la voz de Eros Ramazzoti con "son las cosas de la vida", que por alguna razón está en mi cabeza desde ayer. Y el bajón de sábado en la noche que se siente como de domingo en la tarde: ganas de sentirme triste para escribir en el blog y sentarme frente a la computadora y no tener nada qué decir. Y las dudas sobre las cosas importantes y el no querer tomar decisiones, decisiones para qué. Cansancio, arrastrado de días o semanas. Y seguir sin encontrar una nove...

De las estupideces propias y las ajenas

Claro, no es como la historia de la cámara , aquella es mucho más trágica y por lo menos tiene algo de historia. Ahora soy yo y mi maldito aparatejo del que no me despegaba ni un segundo. Más que para bailar, claro, en un bar lleno de gente. Dejarlo sobre la mesa es de esas cosas que uno hace sólo porque confía mucho en la gente. Juro que no hay otra razón. Bueno, la imprudencia, esa es otra razón. Y seguro si le pienso bien encuentro muchas más, pero es que es más bonito que me pasen cosas malas cuando la culpa no es mía, porque cuando sí lo es, como hoy, y como el día que rompí mi cámara, en realidad no hay mucho qué hacer más que callarse, aguantarse y pensar en que los objetos son objetos y van y vienen y no se quedan y todas esas cosas que cuesta trabajo hacer, pensar y decidir. Carajo, esto se parece tanto a my usual rant que podría no haber perdido nada y habría escrito lo mismo.