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Me gusta que mi casa sea mia

Te la robé, velvet, porque -como no pocas veces- tu post se parece mucho a lo que quiero decir en estos días. En estos días la he disfrutado muchísimo mi casa. Hoy la limpié después de una fiesta multitudinaria en la que al parecer todos padecían de mi síndrome aquel de verter ininterrumpidamente el contenido de sus copas en el suelo al bailar. La limpié y en el transcurso del día recibí a gente que venía a recoger cosas y llevarse otras, comer migajas de pastel y evaluar los daños de anoche. Los últimos llegaron a comerse las cantidades aparatosas de comida que sobraron ayer y a aprender a hacer margaritas, mientras nos las tomábamos. Hoy fue un día en el que no hice mucho más que "recibir" -como dirían esos manuales de urbanidad que tanto nos gustan- y tal vez me gradué en el oficio, sobre todo porque me encantó hacerlo. Sentí que realmente esta casa ya es mía y que ya vivo aquí aunque nada me pertenezca. Me gusta mi casa y me gusta la gente que viene y que no me avisa qu...

la del principito

Hace unos días encontré un par de libretitas que tenía guardadas por ahí. No recuerdo si las encontré en realidad, más bien estaban ahí, de repente, accesibles para ser leídas otra vez. Las dos las he leído ya muchas veces, pero hacía tiempo que no las tenía en mis manos. Una, la primera, es chiquita y roja con un estampado de tipografía japonesa. Me la llevé a Inglaterra cuando estuve de intercambio en la licenciatura, hace 8 años. En ella escribía todo: desde la lista para el super, hasta tareas, pendientes, precios de vuelos, crushes y mis consabidas quejas y depresiones esporádicas. También hay ahí una bitácora muy precisa de las vacaciones que hice a España y Francia en ese año y juro que está todo: el nombre del aeropuerto de Liverpool y lo que me hizo pensar (es que se llama John Lennon Airport!), boletos de metro pegados con pritt, programas de eventos, mis "impresiones" (Ja!) ante el arte: cine, obras de teatro, exposiciones y un dibujo de una escultura de Alexander ...

Weekender

Al abrir la puerta de mi casa hace unos minutos se acabó el fin de semana y empezó a llover. No sin antes caerme encima el blues de domingo, aunque ya un poco despintado. Tal vez porque la pasé bien. Este fin sentí que viví mi pueblo como no lo había hecho en mucho tiempo. O más bien, como no había hecho antes. Viví mi casa y a la gente que se pasó por aquí con mucha confianza para recoger cosas, comer migajas de pastel y aprender a hacer cocteles. Viví la montaña -tan clásico de los avecindados a este pueblo el vivir en la montaña- y el fin de semana entero y a gusto con todas sus cosas. Hasta la sensación de que más que acabarse la semana se acaba el verano y empieza a acabarse el año. Si pudiera, tocaría en la armónica algo sobre los domingos y mi típico rush de tristeza. O sobre el fin del verano y las peras del huerto de Claudia. Pero ahora que lo pienso no sé ni dónde está la armónica, ni dónde está la emoción por aprender a tocarla, que no me duró nada. Apenas sirvió para hacer ...

El miedo no anda en burro

Yo sí soy de esas personas que ven burro y se les antoja viaje. Es más, soy de esas personas que tienen envidias escondidas, y que cuando ven que alguien más hace algo, también quiere hacerlo. Y que se ponen tristes cuando eso pasa, porque sienten que se les está yendo una gran oportunidad. La Gran Oportunidad. No es malo, no creo que sea malo. Estoy tentada a hacer de este post un recuento de dichos populares para explicar mi punto con el clásico: “the grass is always greener on the other side of the fence”, pero no lo haré. (Y además creo que con enunciar mi tentación y mi negativa a caer en ella me libro del lugar común) (ja!). El punto en realidad se explica así: cuando alguien cercano a mi cambia, y me refiero a cuando alguien toma una decisión de vida que implique un cambio radical o simplemente importante , me dan ganas de cambiar a mi también. Quiero, yo también, tomar una decisión de vida radical y drástica y encontrarme en esa situación emocionante en la que uno sient...

Hormigas y mortadela

Ayer mientras comíamos tarde en la pizzería del Cerrillo, conté la historia del trapo roído por las hormigas. Las hormigas que literalmente devoraron un trapo que dejé sucio en la cocina. Los días que siguieron al hallazgo, estuve en pánico. Esos bichos son tan implacables que no se detienen ante nada, y yo convivo con ellos todos los días. Ya lo he dicho a la gente de mi alrededor que vengan a sacarme pronto de esta casa si es que me pasa algo, porque yo no quiero ser devorada por las hormigas como el último de los Buendía o como el hombre aquel del cuento de Quiroga. Seguro el almuerzo que se darían conmigo sería mucho menos poético y relatable que cualquiera de esos dos, así que más vale salir airosa que malcomida. Alguna vez contaba, en otra comida amiguil, que a mi me gustaría morir en una forma bella, o más bien, que me gustaría ser encontrada bellamente dispuesta, con la cara serena y el cuerpo relajado, sin sobresaltos. Y recuerdo que lo hilaba a algo que dicen que dijo Luis Bu...

Mamá el mechón, préndeme el mechón

Estar viviendo esta desintoxicación celular sabiendo que pronto se terminará y que en pocos días tendré en mis manos un nuevo aparato. Desintoxicación telefonil falsa de falsedad. Luego está el tipo que tose en la casa de al lado y que parece que está adentro de la mía. Y el día turístico-amiguil-familiar-intensoso que me puso de buenas y nerviosa por igual. La pizza con chile habanero y el baile danzón marimbero con las viejitas en la plaza y el tipo del micrófono que no dejaba de gritarme para que me diera una vuelta. Y la voz de Eros Ramazzoti con "son las cosas de la vida", que por alguna razón está en mi cabeza desde ayer. Y el bajón de sábado en la noche que se siente como de domingo en la tarde: ganas de sentirme triste para escribir en el blog y sentarme frente a la computadora y no tener nada qué decir. Y las dudas sobre las cosas importantes y el no querer tomar decisiones, decisiones para qué. Cansancio, arrastrado de días o semanas. Y seguir sin encontrar una nove...

De las estupideces propias y las ajenas

Claro, no es como la historia de la cámara , aquella es mucho más trágica y por lo menos tiene algo de historia. Ahora soy yo y mi maldito aparatejo del que no me despegaba ni un segundo. Más que para bailar, claro, en un bar lleno de gente. Dejarlo sobre la mesa es de esas cosas que uno hace sólo porque confía mucho en la gente. Juro que no hay otra razón. Bueno, la imprudencia, esa es otra razón. Y seguro si le pienso bien encuentro muchas más, pero es que es más bonito que me pasen cosas malas cuando la culpa no es mía, porque cuando sí lo es, como hoy, y como el día que rompí mi cámara, en realidad no hay mucho qué hacer más que callarse, aguantarse y pensar en que los objetos son objetos y van y vienen y no se quedan y todas esas cosas que cuesta trabajo hacer, pensar y decidir. Carajo, esto se parece tanto a my usual rant que podría no haber perdido nada y habría escrito lo mismo.

Con mis tenis enlodados

Estoy haciendo la maleta para las esperadas “vacaciones“ en Tuxtla. No estoy nada emocionada, un viaje de trabajo, tres días edecaneando en una conferencia internacional que pintaba bien pero que ya está manoseadísima... como todo. De cualquier modo, la maleta. Es algo extraño porque a veces tardo años empacando, escogiendo, doblando. Y otras, como hoy, no tardo nada. Metí todo lo que tengo y por alguna razón me estresé. No estoy segura de qué ponerme en el día uno, en el día dos y en el día tres y me da miedo quedarme sin ropa. Aunque llevo por lo menos tres alternativas para cada día. La maleta está llena. Y es que estoy pensando escaparme a Xalapa, no terminar la conferencia e irme un día antes. Por eso llené la maleta y por eso metí todo lo que tengo. Hay semanas como éstas en las que todo me da miedo y todo me da inseguridad el hoyo ha seguido y viene y se queda por tonterías. Además no tomo decisiones hasta el último momento y quiero dejar abiertas las opciones. Ayer, por ejemplo...

"Cuando pierdo es porque lo necesito y cuando gano es porque lo merezco"

A decir de mi amigo P: una de las máximas de la vida. Llevo varias semanas tratando de escribir unos recuadros, little pieces of useful information, que formarán parte del informe para el que estoy trabajando. Se supone que esta parte de mi trabajo es la que disfruto y la que le da sentido a toda la angustia y la miseria administrativa: la parte sustantiva, la parte en la que no soy administradora sino que puedo indagar, investigar, analizar y *lo que siempre he dicho que me gusta hacer* escribir. Pero -carajo- me está costando demasiado trabajo. Claro, no he tenido tiempo, no tengo tiempo suficiente para concentrarme y cuando me concentro suena el teléfono y tengo que hacer mil cosas más, por lo tanto cuando escribo tengo que hacerlo sin esperar a que me llegue la inspiración (lo cual, todo lector de este blog ya debe saber, me es muy difícil). Hoy, hace unos minutos, me di cuenta de que el problema con el más reciente de mis recuadros es que no tiene ninguna conclusión. Estoy atorad...

Tardes de té

Definitivamente no quiero convertir esto en un libro de quejas, pero no tengo muchas cosas qué contar en estos días. Todo pasa absurdamente rápido y sin sentido últimamente. Y es extraño porque no me siento frustrada como otras veces y trato de adivinar si esto es realmente una inversión a mi bienestar futuro como antes había pensado que sería (de hecho no sé si eso tenga sentido, pero siempre uno espera cosas sin sentido de las cosas sin sentido que hace día con día). Lo que sí es que el tiempo me pasa muy rápido, y que tristemente una de las razones que me hicieron feliz de saber que me quedaré en este pueblo más tiempo es que tendré "más tiempo" para decidir qué quiero hacer con mi vida, porque claramente todavía no lo sé y no tengo idea de cómo empezar a saberlo. Siento que tendría que reflexionar estas cosas, pero no tengo ganas y no sé si tenga caso, por lo menos ahora. El punto es: no sé qué quiero, y ni siquiera odio lo que hago como para querer salir corriendo. Porqu...

Let it Rain

A las 16:59 y con los pies empapados me siento a reanudar el día de trabajo que ha sido menos que productivo (tampoco muy diferente a lo que ha sucedido las últimas semanas). Tengo sueño y prefiero no reanudarlo tan de pronto, y mejor escribir aquí para ponerme al corriente, porque de todas formas hoy no puedo ponerme seria y trabajar bien. Lo pesado de los tenis se hace un poquito más evidente porque traigo un hoyo en la panza y la sospecha (o certeza) de que no sé todavía cómo plantarme en mi realidad y en mi vida y apechugar lo que venga y lo que hago. Y además no sé darle a las cosas su justo peso (no más). Y no sé un millón de cosas más. Hay días como hoy en que me siento super infantil y me dan ganas de no oír nada, no saber nada, ni hacer nada: meterme a mi cama, ver la tele y esperar a que todo se solucione solo. Pero como no se puede, y encima de todo llueve (llueve encima de todo), tendré que hacerme un poquito grande y seguir haciendo lo que tenga que hacer mientras se me se...

1. El Reto parte II (o III?)

Como no quiero empezar a posponer esto desde ahora, empiezo de una vez. Me uno al reto bloguero siendo que este mes (y ya se me hizo tarde) tengo que escribir más que nunca en mi vida sobre cosas de las cuales conozco la mitad y la otra mitad está oculta burocráticamente. Está bien, definitivamente me hace falta un vínculo literario más estimulante que los informes del gobierno feudal así que creo que será un respiro que (ojalá) me ayude a relajarme y a sacar lo otro, lo burocrático, de una forma más mecánica y no como si todo fuera una tesis. Me adhiero a las reglas y por ahí iré poniendo las mías que apliquen sólo a lo mío, por lo menos para intentar no repetirme tanto (eeey! esa fue ya una repetición). Gracias Felisbertiana, me encanta que hayas sacado esta propuesta a pesar del anterior resultado. :)

If I was young I'd flee this town

Con el riesgo de que este blog pierda su vocación de ser una colección de quejumbres dominicales, no quiero dejar de escribir hoy, que recibí una inesperada dosis de optimismo de esos (paradójicamente)domingueros que se van haciendo un poquito tristes al final del día. Hoy todo fue como una canción de Beirut: un poquito feliz y un poquito triste, pero de una belleza: las paredes azul y amarilla que se ven desde mi ventana cuando me despierto, las albahacas que ayer se me estaban muriendo y hoy amanecieren sorprendentemente rejuvenecidas, y hasta la colonia de hormigas con la que me estoy acostumbrando a cohabitar esta casa. Siento que el más reciente capítulo de de mi vida se está acabando, y me siento tan incierta sobre lo que viene que me da miedo pensar en que ya tengo que empezar a pensar qué haré. Por alguna razón --que sé que tiene que ver con todas las decisiones que tomo y dejo de tomar---siempre me encuentro en esta situación de incertidumbre, y de querer que alguien me diga...

every day is like sunday

Hoy entró un pájaro a mi casa. Por unos minutos pensé que iba a ser uno de esos episodios mortificantes, que tendría que acercarme a él y tratar de sacarlo, que él se iba a confundir y se iba a golpear contra todo infinitamente. Por fortuna, encontró la salida rápidamente, y yo me quedé en el mismo lugar donde estaba, pensando en lo que hubiera tenido que hacer. Al final aquí sigo, en el mismo lugar donde estaba, yo no sé qué tienen los domingos, que nunca sé qué hacer con ellos. Ya salí y me dí mis vueltas por el pueblo, cargando la cámara "profesional" porque ya es hora de empezar a usarla. Hoy por fin me tomé la molestia de leer el manual, o por lo menos las partes que eran necesarias para hacer un uso medianamente básico del aparatejo. Al final no tomé más que una foto, me imaginaba que habría verbenas populares en la calle porque es domingo de ramos, pero fuera de las bolas de gente caminando por todas partes no hallé nada particularmente interesante que fotografiar más ...

16. Manos

Esto de escribir todos los días, aunque lleve pocos haciéndolo, me hace darme cuenta de mi volubilidad. Hoy pensaba que cualquiera que lea algunos de mis textos anteriores podría perfectamente diagnosticarme depresión crónica (lo bueno es que mi madre olvidó el link a este blog, de otra forma ya estaría instalada a mi lado). Extrañamente, no siento que esos textos reflejen cómo me siento en mi día a día, y en realidad este no es un periodo en el que me sienta deprimida, más bien, creo, se refieren a un estado de ánimo más abstracto, como a algo que va más allá de lo bien o mal que me haya ido en el día, un sentimiento mucho más generalizado, pues. Hoy, por ejemplo, no podría sacar de mi uno de esos textos, no me siento así y no puedo encontrar en mí ese tipo de sensaciones. Hoy, muy al contrario de los días anteriores, empecé super contenta, manejé con la música a todo volumen, canté a grito pelado y me sentí muy bien porque antes de las 9 ya había ido al banco, alimentado al perro de ...

15. Ya sé

Es que vivir aquí es como Teziutlán en los días de feria. Y eso sólo me vino a la mente después que hace rato recalenté unas garnachitas istmeñas que me dieron como itacate en la fiesta del viernes y todo empezó a oler como a casa de mi abuela en las noches, cuando nos hace de cenar lo que sea que se nos ocurra o que nos obligue a comer, para rematar con un café con leche y unas campechanas super crujientes. Desde que llegué este pueblo me recuerda un poco a aquel otro. Es el frío, supongo, o la comida, o la sensación de calor familiar y el olor a casa de mi abuela; o encontrarse a gente en la calle entre semana buscando qué hacer, como cuando en Teziu subían todos a la feria y pasaban enfrente de mi casa. Es extraño, nunca pensé tanto en esas épocas y nunca las he extrañado realmente, pero ahora las recuerdo con una nostalgia rara, como si allá estuviera, aunque no esté, mi casa, o más bien mi hogar.

14. Mudanzas

Hoy hice cuentas y me dio gusto recordar que oficialmente estaré acá casi seis meses más. En verdad disfruto vivir aquí (aunque cuando lo miro con mi lado negativo siento que no estoy viviendo aquí lo suficiente, pero eso es harina de otro costal). Y no sé ni siquiera por qué lo disfruto tanto. La gente, el ambiente de pueblo, la familiaridad de las cosas, lo fácil que es recorrer todo de punta a punta... El caso es que me dio gusto y un poco de ansiedad pensarlo, ¿y después qué? ¿qué viene, qué quiero que venga? Por lo pronto ya encontré casa, o ya casi -falta que se la arrebate en un pleito callejero a otra mujer que también piensa que ya encontró casa- mañana lo sabré. La casa es grande, bonita, con una cocina hermosa, y un spare room con dos camas. Tiene un jardín interior super lindo y un corredor con techo de vidrio que quiero llenar de macetas que no podrán jamás pasar de él. Creo que no tiene horno y eso sí lo lamentaré, porque en el último año me ha dado por poner a prueba mi...

13. Día tonto

Dadas las quejas que he emitido en este blog acerca de lo poco que me gusta mi actual casa, debería estar feliz de comunicar que finalmente me iré de aquí, pero en realidad hoy que lo sé estoy muy enojada, y es que ni siquiera lo he decidido yo, sino que mi casero tuvo a bien decidir no renovarme el contrato porque, resulta, doy mucha lata. Y es que llevo tres semanas sin poderme bañar con agua caliente, y cuatro días sin luz en la planta alta... ¿y quién no daría lata por eso? Al parecer a nadie de los que viven aquí les parece molesto o incómodo eso, así que bueno, voy para afuera en menos de un mes. En realidad el día fue horrible. Sorprendida y enojada por la noticia, salí desde temprano (la 1PM!) a buscar departamento y el sol quemaba espantosamente, vi dos departamentos, dos, ho-rri-bles y me desanimé por completo. Así me fui al mercado y compré una cantidad absurda de lechuga y otras verduras, tal vez esperando curar mi enojo cumpliendo uno de mis propósitos de la semana, y me f...

12. Instrucciones para decir que no

No sé decir no. No sé decir que no quiero hacer algo, o que no quiero ir a algún lugar o que ya no pienso seguir en algo. Por miedo, o por pura soberbia tal vez, ¿por no caer mal? ¿Por dejar de ser dispuesta y complaciente? ¡Dios! No es que siempre lo haga, pero muchas veces me embauco en cosas de las que no estoy totalmente convencida sólo porque no sé cómo safarme. Le doy vueltas, balbuceo excusas flojas y al final cedo. A tal punto cedo que me autoconvenzo de que en realidad sí quiero hacerlo o de que no estaría probar algo nuevo (o continuar algo, o hacer algo por alguien, o X). También es verdad que no nunca hago nada que me parezca aberrante, pero sí me he visto en situaciones absurdas y nada triviales de las que pude haber escapado si hubiera a) reconocido y aceptado mi sentimiento de no querer algo y b) atrevido a decirlo. Sin excusas, sin disculpas, sin sentirme mal por eso. Hoy, sin embargo, abandoné algo que traía dándome vueltas en la cabeza porque en realidad no estaba con...

11. Lo que tiene que cambiar

Y en respuesta a esa pregunta tan poco trivial, van algunas respuestas, con toda la trivialidad de la que soy capaz en estos momentos: 1. Mi estrés. Últimamente ando tan estresada que todo se me voltea. No sé ni por qué me siento así, tampoco es que esté administrando el flujo vehicular del distrito federal, pero de repente me doy cuenta de que las semanas pasan y los meses se terminan y yo no me calmo, no me siento a pensar, no me relajo, no me organizo. 2. Mi concentración. Debido al punto uno, siento que no tengo tiempo de nada. En realidad tengo mucho tiempo en mis manos, pero se me va la vida y no logro concentrarme en hacer algo y terminarlo. Hago mil cosas y nada al mismo tiempo, y me estreso pensando en que debería aprovechar mi tiempo libre para hacer algo importante. Y entonces tiene meses que no puedo terminar un libro ---no uno en especial: cualquiera,tengo 6 libros a medio leer al momento; no puedo escribir en este blog por dos días continuos; no puedo oir música tranquila...